COMENTARIO de Juan Manuel Díaz Álvarez al poema LA LUNA
http://marianoestradavazquez.blogspot.com/2012/02/comentario-de-juan-manuel-diaz-alvarez.html
COMENTARIO de Juan Manuel Díaz Álvarez al poema LA LUNA
Queridos amigos:
Allá por los años sesenta, en la fría paramera leonesa -donde se ubica el municipio de La Virgen del Camino-, Juan Manuel Díaz Álvarez y yo compartimos colegio y proximidad. Quiero decir que la cercanía entre las letras D y E, iniciales de nuestros respectivos apellidos, hizo que no solo compartiéramos los amplios territorios del internado en el que transcurría literalmente la vida de unos quinientos aspirantes a la Orden de Predicadores, sino también el íntimo espacio de una clase de treinta alumnos. En nuestro caso, además, compartíamos el sagrado templo de la amistad que se profesan los niños y los adolescentes.
Pues bien, hace apenas cinco años, algunos de aquellos compañeros tuvieron la feliz ocurrencia de realizar un encuentro de antiguos alumnos, que finalmente se celebró con un éxito formidable en octubre del 2007. Previamente, y al objeto de ir preparando el terreno, a alguien le vino la idea de hacer un Blog, en el que nos íbamos redescubriendo después de no habernos visto, en algunos casos, durante la friolera de 40 años o más. (http://antiguosalumnosdominicos.blogia.com/ )
Juan Manuel Díaz Álvarez y yo, que nos habíamos encontrado unos años antes por Internet -y también por casualidad-, éramos de los que participábamos con entusiasmo en las tareas blogueras del reencuentro. Todo esto lo digo solamente para contextualizar una frase lapidaria con la que un día, encabezando un espléndido texto sobre sus peripecias vitales, se descolgó el ex alumno Juan Manuel Díaz Álvarez en dicho blog. La frase era ésta:
“Yo nací en el paradigma de la ruralidad”.
Sin embargo, poca importancia tendría dicha frase para nuestros actuales intereses de no ser por lo que en estos últimos días ha ocurrido. Más o menos esto: Juan Manuel Díaz Álvarez, que tiene una amplia formación humanista culminada con una licenciatura en Filosofía y una vida dedicada a la enseñanza -de la que se declara servidor vocacional-, ha hecho una rigurosa disección, que él llama “comentario”, de mi poema “La luna”, que es, probablemente, el que ha resultado más mediático de cuantos he escrito. Naturalmente, una vez leído tan minucioso análisis del poema, lo primero que me vino a las mientes fue publicarlo en uno de mis blogs, para lo cual le pedí el correspondiente permiso, además de una foto y unos leves datos biográficos. Y aquí es donde la frase adquiere el verdadero sentido, que es el sentido de la autenticidad de una afirmación tan categórica.
Éstos son los datos que me envió:
A modo de biografía
Si me preguntas quién avivó mi amor por la literatura, te respondo sin titubeos: las vacas. Tres, concretamente: La Cachorra, la Cordera y la Pinta.
Yo, como cualquier niño de la Asturias rural profunda, viví los años de posguerra aportando trabajo infantil a la exigua economía familiar. Los niños éramos necesarios para las tareas simples: “coger les castañes” “ermesar les ablanes”, “esparder la herba”, “dir por agua…” y “llindiar les vaques”.
Desde los siete u ocho años pasé muchas horas en el “prau” con nuestras tres vacas. Horas lánguidas, pausadas, que demandaban alguna ocupación compatible. Y la encontré en la lectura. Circunstancias providenciales me permitieron acceder a algunos libros prestados por alguien que siempre gozará de mi gratitud. Entre ellos, “Las mil mejores poesías de la lengua castellana”. Leí con avidez infantil y memoricé muchos poemas que aún puedo recitar literalmente.
Lo que vino después fue producto de la contingencia individual. Largos años de internado en centros de frailes Dominicos contribuyeron a una formación académica que finalicé en la Universidad de Valencia, con la licenciatura en filosofía. Mi vida profesional estuvo siempre ligada a la enseñanza.
Fui, entre otras cosas, “jornalero de la gramática”. Y por encima de todo, siempre quise ser “maestro”. Porque “El Director dirige, el profesor explica y sólo el maestro enseña”. Ahora, jubilado, tengo el temor de no haberlo conseguido.
Juan Manuel Díaz Álvarez
COMENTARIO AL POEMA “LA LUNA”, de MARIANO ESTRADA
1.- No es casualidad que el autor dedique este romance a Federico García Lorca. La luna atrajo singularmente al poeta granadino. Y protagoniza varias de sus composiciones líricas, a veces transmutada en originalísimas prosopopeyas y otras convertida en metáforas, símiles o antítesis de la lírica lorquiana. Pero el objeto de este comentario no son los poemas que Lorca dedica a la luna, sino este romance que el poeta Mariano Estrada dedica, por admiración o por simpatía, a su colega García Lorca y que también tiene a la luna como protagonista.
2.- Empecemos por la forma. El poeta, Mariano Estrada, elige en esta ocasión el romance como cauce de su expresión lírica. A primera vista sorprende esta elección, porque el romance canaliza preferentemente temáticas realistas, surgidas de la épica caballeresca. ¿Hay aquí incoherencia formal? No. La evolución de los géneros literarios rompió los rígidos moldes históricos para enriquecer las formas. Por eso es muy pertinente la dedicatoria.
3.- Este poema se estructura en cuarenta versos, agrupados en diez estrofas. En las tres primeras el poeta, remedando el tono juglaresco, asevera enfáticamente el tema medular de la composición: la soledad, por abandono, de la luna. Y lo hace mediante dos recursos retóricos que consiguen transmitir al lector sus argumentos: la anáfora, mantenida mediante la reiteración de un adverbio temporal (ya…) y las impactantes antítesis “besos/sangre, puñales/amores”. Con estas tres primeras estrofas estamos ya situados en el escenario del abandono, de la soledad, del olvido de alguien o de algo muy apreciado para el poeta y para nosotros mismos, luminaria “antes” de nuestros sueños y objeto de nuestros amores (“la cubren de besos”) y de nuestros odios (“la bañan con sangre”, “le clavan puñales”)
4.- En un sorprendente cambio de tono, utilizando un apóstrofe inquisitivo, denuncia a los culpables: los poetas que han dejada a la luna sin versos y los amantes que la privaron del amor. Es esta estrofa, la cuarta, con su rotundo tono increpante, la clave que nos permite entender los versos anteriores y posteriores.
5.- Y así, increpados y denunciados los culpables, vuelve al lamento inicial en las estrofas quinta y sexta. Constata en ellas la desafección de la luna, que “ya no es de nadie”, e incluso la propia pérdida de identidad “ni es luna, la luna que ahora nos sale”. Y en los siguientes versos, utilizando nuevamente la anáfora con el adverbio modal “solo”, describe con cinco brillantes metáforas qué es ahora la luna: “un círculo errante, un castillo arrumbado, un recuerdo distante, una historia en un libro, una estatua en un parque”. Son metáforas rotundas que impregnan la sensibilidad del lector y dejan en su retina la desazón, el disgusto y la intranquilidad.
6.- ¿Hay remedio para tan gran mal? El poeta nos lo deja entrever en la séptima estrofa con tres sencillas aseveraciones: Volverá a ser luna si aman los corazones, si vuelan los pensamientos y si cantan los poetas.
7.- En la octava estrofa, con una increpación directa en segunda persona del singular, reprocha al “lunero” (poeta o amante), el abandono de lo que fue suyo, de algo que perteneció a su propia intimidad. El verbo “metiste” consigue trasladarnos la relación de intimidad que tiempo atrás hubo entre el “lunero” y la luna. Se justifica la creación del vocablo “lunero” para establecer la relación de sustancialidad entre ambos.
8.- En la novena estrofa vuelve el poeta a situarse en la posición de quien asevera lo irremediable. Constata el continuo cambio de personas y valores, de miradas y de formas. Pero que cambien los hombres, las miradas y las formas del amor no nos conduce a un fatalismo irremediable.
9.- Porque en la última estrofa, grandiosa, pletórica, el poeta abre la puerta a la esperanza formulando en tres pinceladas, tres versos impactantes, lo que realmente es la luna: Porque la luna es mirarse: asesinar con los ojos hasta el dolor de la sangre. Los dos últimos versos tienen algo de enigma y siembran en el lector cierta inquietud e incluso angustia. ¿Cómo pueden Interpretarse? Solo desde lo dicho anteriormente. Mirarse, asesinar con los ojos, es una apelación a lo humano, al sentimiento, a la vuelta a esa sensibilidad ahora perdida que tenía por objeto a la luna, símbolo eterno del amor y de la poesía. Y es tan grande el abandono y el olvido que el poeta detecta que sólo el dolor más profundo, el de la propia sangre, nos puede devolver el bien perdido.
10- Este poema está incluido en un libro titulado “El Cielo se hizo de Amor”. Es una pequeña joya cuya lectura fue para mí un honor y un placer y que recomiendo vivamente a cualquier persona amante de la buena poesía. En el prólogo, Mariano Estrada, su autor, en admirable prosa poética nos da las claves para entender este poema y el resto de los que integran la obra: “El día que se calle el amor habrá un terrible silencio. O acaso empiecen a oírse los tambores sordos del vacío, de la noche recurrente y repetida y ciega, de la jungla inabarcable, la soledad frente a Dios, la nada. Por fortuna, el amor es una sabia que se renueva y, mezclada en el barro, siempre habrá una gota que resista los embates de los tiempos secos. Una lágrima, una risa, una mirada... Esas cosas nos salvarán de la química o la muerte”.
Juan Manuel Díaz Álvarez
LA LUNA
A Federico García Lorca
Ya nadie mira a la luna,
la luna ya no es de nadie;
ya no la cubren de besos,
ya no la bañan con sangre.
Ni ya le escriben poemas,
ni ya le clavan puñales;
ya no hay tragedias de amores,
ya no hay amor, no hay amantes.
Ya pasa sola la luna,
ya pasa sola, sin nadie;
ya no amontona secretos
ni alumbra sueños, como antes.
¿Adónde fuisteis, poetas,
adónde fuisteis, amantes,
que la dejasteis sin versos,
que sin amor la dejasteis?
Ya no es de nadie, ni es luna,
la luna que ahora nos sale;
porque es un círculo sólo,
y sólo un círculo errante.
Solo un castillo arrumbado,
solo un recuerdo distante;
solo una historia en un libro,
solo una estatua en un parque.
La luna no será luna
sin corazones que amen;
sin pensamientos que vuelen
y sin poetas que canten.
Y es esa luna, lunero,
la misma luna, no obstante,
que tú metiste en los versos
porque era tuya una parte
Pero los hombres son otros
y otras las cosas que valen;
y otros los ojos que miran
y otras las formas de amarse.
La luna no será luna,
porque la luna es mirarse:
asesinar con los ojos
hasta el dolor de la sangre.
Del libro “El cielo se hizo de amor”
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
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Benjamín Rivera dijo
Hola, buen poema y buen comentario, saludos cordiales.
13 Febrero 2012 | 05:56 AM