Preludio de siega
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Preludio de siega
Con un calor de justicia, que achicharraba los sesos en el caletre, como diría don Camilo en la cuenta de los tontos, andaba yo ayer por esas calles de asfalto que nos ha dado la modernidad. Afortunadamente, todo hay que decirlo. Sudaba como un pollo (Por cierto, ¿sudan mucho los pollos? Lo digo porque a veces repetimos mecánicamente determinadas frases hechas sin comprobar en absoluto su grado de veracidad. Por ejemplo: duerme como un lirón, bebe como un cosaco, pica como un demonio...)
Es decir, sudaba. Y entonces me acordé de otros viejos calores, que también achicharraban los sesos en el cacumen mientras cantaban las cigarras y restallaban las vainas de las escobas y de los codesos. Dios, cómo hervían los sesos en la ardiente sartén de la cabeza. De vez en cuando graznaba una gaya o una hurraca, o se oía el trino repetido y escandaloso de un pico carpintero, el canto de un cuco, de una bubilla, de una oropéndola o el zureo de alguna torcaz.
Naturalmente, tú te echabas al coleto un trago de aquel brebaje de vino y gaseosa que quitaba momentáneamente la sed y que, en realidad, acababa achicharrándote los sesos en el sesero con una mayor virulencia. Pero entonces te ponías un instante a la sombra, te quitabas el sombrero de paja, aireabas la frente sudorosa y volvías nuevo al tajo. O al Fontirín, donde hiciera falta. Y si hacía falta te ponías a cantar... Por el camino vienen / desde la era / Ellos son labradores / sus cuerpos tierra.
En fin, no quiero aburriros demasiado. Sólo quiero deciros que el poema que dejo a continuación es el preludio de esos chicharrones de seso que, al cocer, producían en el magín borbollas de este tipo: Brrrrrrrrrrr, Brrrrrrrr, brrrrrrrrrr... Por expresarlo con onomatopeyas similares a las que utilizó don Camilo José Cela en la cuenta de los tontos, aquellas figuras esperpénticas a las que les hervían los sesos en la desequilibrada sartén de la azotea ¿O son recuerdos míos y no hay celas ni sesos ni cuenta de los tontos? Yo creo que sí, lo que pasa es que a lo mejor soy uno de ellos...
Y ahora que caigo: no era yo el que andaba por mis tierras al paso renco de un burro. El que andaba era mi padre, aquel hombre trabajador, bueno, sabio, valeroso y humilde, de quien aprendí algunas cosas que no he olvidado jamás: la honestidad, por ejemplo.
Un abrazo
Preludio de siega
Al paso renco de un burro
y por caminos agrestes,
andaba yo por mis tierras
mirando el mar de las mieses.
El sol pegaba de plano
y en las retamas silvestres,
las vainas, achicharradas,
se abrían todas del vientre.
En un zig.zag del camino,
junto a una cembra, una fuente.
El agua, todo frescura
y, alrededor, todo verde.
Allí saciamos, a morro,
el burro y yo nuestras sedes;
que el paso renco de un burro
renquea menos si bebe.
Después hicimos la holganza
que al buche lleno conviene;
el burro atento a las yerbas
y yo a los piensos siguientes:
"Por más que aguarde otro día,
el día llega igualmente;
la caña parte de abajo,
donde la hoz le hinca el diente".
-Simprón, le dije al borrico:
la siega ya nos pretende.
Mediante Dios la encetamos
mañana mismo, si quiere.
Del libro "Tierra conmovida"
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
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