La noche y los tranvías de Madrid
La noche y los tranvías de Madrid
La noche, que sin duda es hermosa no sólo para los poetas y los enamorados, sino también para el conjunto de la humanidad, puede ser un tormento para muchísimas personas. En estos días de fríos, de lluvias, de nieves y de hielos, que en algunos lugares dejan temperaturas extremadamente bajas, las noches al raso son insoportablemente horrorosas. Desde luego, poco lirismo percibirán, en los pálidos resplandores de la luna, los que duerman acurrucados entre cartones debajo de un puente o en el frío anteportal de un edificio o en los entornos apestosos de la basura.
El poema que dejo hoy aquí, trata sobre este gélido asunto. Debió de ser publicado en el libro "Mitad de amor, dos cuartos de querencias" (1984), pero quedó durmiendo sus días y sus noches en la oscuridad de un cajón, como tantos otros, y ahora su autor no sabría explicar el porqué. Es más, hoy suprimiría algunas partes de ese viejo libro y, sin embargo, incluiría este poema. No es que se salga de bueno, pero tiene su gracia. Hay que verlo con los ojos de hoy, por descontado, pero sabiendo las lógicas limitaciones de un recién iniciado en los altos secretos de la lira. Lo escribí en Villajoyosa, ciudad en la que vivo, pero el escenario de mis pensamientos era la Ciudad Lineal de Madrid, donde viví algunos meses y donde solía tomar el tranvía que paseaba su ruidosa lentitud por la entonces destartalada calle de Arturo Soria, hoy habitada por millonarios (1).
Un abrazo
La noche
Olvida la noche,
-la más aterida-
que el alba deshoja el misterio
que oculta su manto a la vida.
Abierto un boquete,
converge la luz en el día.
Destapa los sueños
-algunos-
Algunos reciben la aurora
subiendo al tranvía.
Rozando la brisa temprana
¡tan fría!
La noche no ciega ventanas
que abriguen los puentes
helados.
Ni sueña comidas
que llenen los vientres
cansados.
La noche engalana a la luna
-la suya-
con luz delicada.
La noche derrama el silencio
que guardan las casas.
Y bullen en él otras lunas
de luz apagada.
Lunas de cuerpos errantes,
sombras oscuras
sin cama.
Mariano Estrada 1975 www.mestrada.net Paisajes Literarios
(1).-
Mis recuerdos sobre los viejos tranvías de Madrid llevan aparejados otros muchos recuerdos, uno de ellos es el de "La novela en el tranvía", de Benito Pérez Galdós, de la que dejo aquí un apunte:
"Para quien ha conocido, y usado, los tranvías de Madrid, la lectura de esta pieza de don Benito Pérez Galdós puede ser un maravilloso viaje por el recuerdo. Y si, además, a lo largo del fantástico recorrido por las arterias principales y adoquinadas de la vieja ciudad: Serrano, Cibeles, Alcalá, Puerta del Sol, te van contando la historia de una Condesa desgraciada, que luego es una perra, que luego es una lavandera, o sea la historia de un crimen que no existe, alimentado por la imaginación de un candidato a la locura y las sucesivas intervenciones del azar, pues entonces te ocurre como a mí: que cuando dejas el tranvía sabes perfectamente que la Condesa te está esperando en tu casa. Así que aprietas el paso, alcanzas el portón, echas la llave, corres las cortinas y te metes en la cama con el veneno". Mariano Estrada
