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La Coctelera

mariano-estrada

13 Enero 2010

Sidoro

 

Sidoro

 

Hace sólo unos días comentaba con unos amigos la lejanía temporal que transmiten determinados actores o actrices de cine que hace apenas 40 ó 50 años eran auténticos ídolos para la sociedad. Alguien me respondió que tal vez no fueran propiamente los actores los que producían ese efecto arcaizante, sino que ello podía deberse a la escasez de medios y técnicas con los que contaba por entonces la industria cinematográfica a la hora de rodar las películas. Lo cual es muy cierto, sin duda, pero esa certidumbre no se contradice en absoluto con lo dicho anteriormente sobre los intérpretes, ya sean galanes o divas. En algunas ocasiones, aunque no en todas, yo veo a aquellas figuras legendarias como si estuvieran en los exteriores del tiempo. Tal vez por las formas de vestir y de peinarse, tal vez por la rigidez en algunos movimientos o por cierto artificio en las maneras, en las expresiones, etc.

Pues bien, al personaje retratado en el poema que dejo a continuación le pasa tres cuartos de lo mismo: resulta completamente anacrónico ¿Está del todo extinguido en la actualidad? No lo sé, aún hay pueblos que se dedican a la agricultura y a la ganadería, pero me da la sensación de que la estampa y el carácter de los "sidoros" modernos son bien distintos de los de entonces. Ahora hay mucha más uniformidad y mestizaje entre la gente de  las zonas rurales y las urbanas. Hay magníficas infraestructuras que permiten todo tipo de acercamiento, hay multitud de medios de comunicación, entre los que destacan la televisión y las nuevas tecnologías...

Cuando yo era niño, que es a la época a la que se refiere el poema, Sidoro era el tipo de hombre que, habiendo nacido en el pueblo, viviría en el pueblo durante todos los días de su vida. Con la salvedad, eso sí, del paréntesis que le imponía la patria para ensanchar la grandeza de sus gloriosos ejércitos.

Luego vino la emigración y, en poco más de diez años, cambiaron mucho las cosas.

Un abrazo

 

SIDORO

 

Salió por la puerta del carro.

Cerróla.

Le puso también el tranquillo.

 

Pa'hacerlo dejó la navaja

n'el poyo,

y un trozo de pan con tocino.

 

Después echó a andar con despacio,

sin prisas,

comiendo el apaño tranquilo.

 

Miraba to'l rato pa'l suelo

y andaba

corvado, siempre anda tantico.

 

"Que Dios te acompañe, Sidoro"

-le dije-

"Que Dios vos ayude" -me dijo-

 

Y luego: "Ti Antonio, me marcho,

nos toca esta noche el molino.

 

Si vuelve mi hermano, que duerma,

que llevo la mula conmigo.

 

Se fue por la calle pa'rriba,

sereno, como antes se vino.

 

La mula la encierra en la cuadra

que tiene mirando pa'l río.

 

Del libro "Mitad de amor, dos cuartos de querencias"

 

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

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Poemas recreados: http://groups.google.com/group/paisajes-literarios

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Tengo demasiada edad para hacer tonterías, pero no tanta como para dejar de hacerlas. Nada pío, porque no soy pájaro. La honestidad es un camino a seguir, otro la belleza. "Soy astilla de fuego / copo de nieve / pelo cano de hombre / risa de nene.

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