Día de fabada, noche de verdura
Día de fabada, noche de verdura
Venimos de cenar en Benidorm. Fuimos con el propósito de tomar una cena ligera, ya que al mediodía habíamos comido una impresionante fabada que nos hizo nuestro amigo Paco Aparicio.
-¿De Asturias, patria querida?
-No, señor, de Marmolejo. Residente en Villajoyosa
-¿Y sabe hacer fabada?
-Ya lo creo, y de judías bien gordas y de condumio bien magro y de antecedentes bien variados y apetitosos...
-Esta noche toca verdura -dijo de pronto su mujer, nuestra querida amiga Maruja
Y entonces nos fuimos al Murciano, un Rincón que se comunica directamente con los verdores de la huerta
-¿Con los verdores o con las verduras?
-Con ambos dos, supongo... Verdes tallos, verdes ramas... "El barco sobre la mar y el caballo en la montaña"
-¿Y los tronchos?
-Esos para el conejo de la Loles...
Pero no tuvimos suerte, el Murciano estaba cerrado. Así que nos metimos en un restaurante de los alrededores que tenía dibujados los platos. Y no sólo en las cartas, sino también en los trípodes, en los escaparates, en las paredes con tu nombre mi amor y hasta en los labios locuaces de los camareros. Cenamos tirando a mal. Y lo que es peor, tirando a mucho. Los verdores estaban fritos y aceitosos. El pescadito, enharinado y desaborío, con lo bueno que lo hacen en el Pachell y en otros restaurantes de Villajoyosa. Y encima tuvimos la ocurrencia de pedir unas croquetillas que tenían muy buen ver en las fotografías, pero que resultaron renegridas, rebotantes y regordetas
-¿Van a querer pan?
-Sí, ¿no ve que somos de pueblo?
-¿Normal o tostado con tomate?
-Hombre, no hay color
Nos lo trajeron tostado, con el tomate aparte. ¿Y el alioli y las aceitunas?
-Venía en el lote.
-¿Y los pimientos de Padrón?
-Esos los pedimos nosotros, para jugar a la lotería....
-¿Van a tomar postre los señores?
-Los señores no, porque no nos entra. Pregúntele usted a las señoras.
Tomamos un descafeinado solo de máquina. Yo lo pedí con sacarina, para que el contraste fuera redondo. Sácame la harina, por favor, le dije al camarero. Ah, y también tomamos vino y cerveza...
-Pardillos, que sois unos pardillos
-Es verdura. Y todo porque el Murciano estaba Closed
-Ya, échame a mí la culpa. Como en Benidorm no hay restaurantes...
Salimos regurgitando unos globitos con aires de fritanga. A la legua se veía que perdíamos aceite...Menos mal que era de oliva o de Gandía, no sé. Bueno, tal vez fuera de girasol o de soja... Y con estas pintas nos fuimos a pasear a la playa, donde unas chicas cuerpidivinas nos abordaron entre puñados de publicidad. Las gogós se contorsionaban en los altos entarimados de la música. Pasen aquí, amigos
-¿Con esta edad, muchacha?
-¿Qué edad, hombre, pero si está usted que se sale.
Salido y todo, seguimos nuestro paseo para rebajar el colesterol, los triglicéridos, el azucar. Teníamos toda la playa por delante y nos habíamos metido en el cuerpo muchos más inconvenientes y tropezones de los que nos habíamos propuesto, más aún de los que el cuerpo puede aguantar para mantener la figura y la salud.
-A Mariano -les decía Paco a las chicas- Dádselas a Mariano que, si bien es atún de la bahía, aún se cree bonito del norte...
Desistimos de andar cuando a Rosa le empezaron a molestar los zapatos. Era cerca de la una de la mañana. Hacía buen tiempo. La playa estaba tranquila y en las orillas semioscuras no se avistaba ninguna sirena. Y ésa fue realmente mi salvación, porque yo estaba lanzado...
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
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