25 Enero 2012
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¿Qué nos queda ya de la famélica montura
que nos vio ser intrépidos quijotes, sino el hambre?
¿Qué nos queda del delirio apasionado
por el que fuimos una vez conquistadores de fantasías?
¿O del sueño puro de amor, la andadura rutilante
tras la sombra vaga que se llamó Dulcinea?
Don Quijote, Don Sancho
y las luces de la ciudad.
A Miguel de Cervantes.
Ha poco pernocté en la gran ciudad
y víla de candiles soleada.
Pensé que era visión desatinada
muy propia de este Hidalgo demencial.
Mas hete que don Sancho –que no ha mal-
veía como yo la candilada.
Ya muy era visión descabellada,
pues nunca Sancho y yo vimos igual.
¡No mientas! –balbucí- pues no ves nada,
y al paso le apunté a la cabezada,
habida muy la suya por normal.
¡Señor, Señor, mi dueño –dijo el tal-
Candiles no, ni estrellas aterradas.
Luciérnagas parecen, enceladas!
Del libro “Tierra conmovida”
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
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25 Enero 2012
http://marianoestradavazquez.blogspot.com/2012/01/ayer-volvimos-aitana-pero-no-habia.html
Ayer volvimos a Aitana, pero no había nieve
Después de tomar la consiguiente olleta de blat en el restaurante El Pirineo, de Confrides, emprendimos el camino hacia la Sierra de Aitana. Esta vez éramos cuatro personas: una mujer, dos hombres y una preciosa perra (Raquel, Noé, Mariano y Bruma).
Como es lógico, los cerezos no estaban todavía florecidos, tampoco las aliagas. Los almendros apuntaban una tímida flor que pronto será abundante y melosa. Dentro de unos días se extenderá por los campos la abrumadora sensualidad que ahora se incuba. Los escaramujos se mostraban grisáceos bajo el ropaje del frío, que es la desnudez, poniendo en evidencia unas bayas rojas que reciben el nombre de tapaculos, por sus propiedades astringentes. Los pinos exhibían una tupida ramuja verdeoscura y, entre sus troncos tersos, había un sotobosque variado y generoso, tanto en arbustos y matas como en hierbas, que estaba impregnado de humedad. El agua corría por todas partes a la vez, como si fuera Dios, y en las cunetas de los caminos, bajo un impresionante silencio, se hacía hermosamente sonora. Los entornos de la fuente de l´Arbre estaban llenos de barro, como si hubiera caído un pequeño diluvio. No había nieve en la cumbre ni en la umbría. La palidez del sol de la tarde se depositaba suavemente en las solanas. La temperatura era más propia de primavera que de invierno…Los corazones, a 1200 metros de altura, brincaban en el pecho y se mostraban completamente felices.
Villajoyosa, 25 de enero del 2012
La Font de l’Arbre: cotas de altura y de belleza
El pasado día 13 de abril, lunes de Pascua florida, subimos a la Font de l’Arbre, que está en la cara norte de Aitana, en el término municipal de Confrides, Alicante. Tres matrimonios y un perro. Total, siete personas. Y digo bien: subimos, porque está a 1185 metros sobre el nivel del mar. El punto más alto de la citada Sierra de Aitana, que es el techo terrenal de la provincia, está a 1558 metros, siguiéndole de cerca el Puig Campana, con 1406 metros, todos en vertical.
El paraje -insultantemente precioso-, mostraba una amplia variación de colores y de contrastes. Los cerezos blancos, los pinos verdioscuros, los almendros verdiclaros, la tierra verdiparda, las aliagas amarillas…Y, al fondo del dibujo, un archipiélado de nieve sesteando en las cumbres sobre alcores grises y cárdenas roquedas, como hubiera dicho Machado. ¡Cuánta majestad! ¡Cuánto deleite!
Eso sí, los caminos estaban enfangados de trecho en trecho, pero nosotros íbamos prevenidos con unas botas de altura. De modo que no hubo charco que nos intimidara, e incluso caminamos campo a través, pisándole los “pépinos” a Getsemaní, a quien no tenemos el gusto de conocer. Durante una hora y media, oxigenamos el pulmón e hicimos un hueco en el estómago, pensando en el inminente futuro. Lástima que tuviéramos que volver en lo mejor del paseo, ya que habíamos reservado una mesa que tenía incrustada la hora.
Comimos una olleta de blat, con algo más de carne que de trigo, en un modestísimo restaurante regentado por una pareja de rumanos ¿Rumanos? ¿Y cómo casa esto con la olleta de blat? Bueno, llevan diez años en España. Es como un pequeño refugio, pero a mesa puesta y servida. Por cierto, nada caro, unos 18 euros por boca, tenga dientes o no. Incluyendo una ensalada, unas pelotas de arroz, vino, postre y café ¿Qué más puede pedirse? Bueno, ya puestos, les pregunté si podíamos irnos sin pagar y me dijeron que no, que ya lavaban ellos los platos. Así que, además de las canciones que destrozamos –que fueron muchas- y de las risas que nos traíamos –que no eran pocas- les dejamos una pequeña propina. O sea, lo normal, con la diferencia de que estábamos como en casa. A ellos se les veía tan contentos con nuestras coñas marineras, que poco les faltó para ponerse a cantar. De hecho, a ella se le salían las ganas por los ojos y él llegó a entonar una especie de recitado que yo no pude entender ¿Sería en romaní? Seguramente. Adiós, amigos. Hasta la próxima. El resto de los comensales sonreía a medio gas, yo creo que con un poco de envidia…
Después de reposar la comida entre los árboles, en el merendero habilitado junto a la fuente, donde hay bancos y mesas, e incluso de amodorrarnos un poco bajo los tibios rayos del sol, bajamos a Confrides por un caminito estrecho, pero asfaltado. Peligro en ciernes. Cruzados mágicos de plaitex y todoterrenos. Curvas imposibles, barrancos hondos, precipicios insondables. Pasa tú, que a mí me da la risa. Cuidado, esa rueda. Que te vas, que te vas, que te vas, que ya te has ido. Total, que acabamos en el Pirineo sobre las siete y pico. Tomamos un café y, ya por carreteras conocidas, regresamos a casa, unos hacia Valencia, otros hacia Villajoyosa. ¿Hará falta decir que el Pirineo referido no nos separa de Francia ni de Carla Bruni?
Finalmente, no me resisto a decir que el Valle de Guadalest -que no por muy pisado me deja de asombrar en cada visita-, estaba escandalosamente hermoso, sobre todo en la zona de Benifato y Benimantell. Claro, este invierno ha llovido, mañana hay agua. Y ahora los almendros están verdes, como las uvas que no alcanzaba la zorra. Madre de Dios, cuánta lujuria en estas bellas laderas ¿Lujuria, Marianet? Ya lo creo, si hasta tuvieron que pedirme que me calmara…
Un abrazo
Aliagas de marzo
Me reconcilio, al fin, con el soporte
oscuro del paisaje o con el
agrio punzón de la maleza,
porque he aprendido a amar en el dolor
y a levantar en el cauterio
la miel desestimada de la vista.
Me reconcilio con el beso gris,
con el perfume árido o
la púa dolorosa,
porque he aprendido a ver en las heridas
su más oculto fondo.
Y al fin me reconozco en el paisaje
que, abonado en las flores del almendro
-ahora verdes hojas-,
esta aliaga extendida me propone.
Y bendigo el limón sin amargura
que emerge de los tallos de un dolor
en su negada espina.
Sí, hoy me reconozco
en el abrojo florecido,
la hidra indomeñable o la exultante broza,
porque es en la belleza subsidiaria
donde más te amo.
Poema del libro “Desde la flor del almendro”
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22 Enero 2012
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Mi vida
Mi vida son los rebaños
que en largos años
cuidé.
Los montes, sus aledaños,
las fuentes de frescos caños
para beber.
¿Acaso no lo entendéis?
Yo soy llanura y otero,
quebrada, loma, reguero,
oveja y perro a la vez.
Mi casa es viento y es frío,
solana, lluvia, rocío
y campo siempre a través.
Mi corazón es la rosa,
el ave, la mariposa,
la abeja, el polen, la miel.
Del libro “Tierra conmovida”
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21 Enero 2012
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Un hombre camina por el campo, va encorvado, de su figura emana una profunda tristeza. Sube una pequeña loma, se topa de frente con un árbol seco. Mira hacia arriba y, en ese instante, sus ojos se encuentran con los ojos de una extraña figura. Se reconoce en ella. Sonríe. Sabe que su dolor ha terminado…
El árbol seco
Se me han secado las ramas,
mis hojas fueron al viento;
la savia ya no me corre,
pero hay dolor en mi cuerpo.
Me duele un hombre ¡fijaos!
que vino a mí sin aliento;
que ató una cuerda a mis ramas
y la pasó por su cuello.
Nos ha juntado el destino
para ponernos de ejemplo;
Yo me sequé por mandato
para esperarle, ya seco.
¡Me pesa tanto este hombre
cuya conciencia sostengo!
Yo no sabía siquiera
que la conciencia era un peso.
Las hojas ya se me han ido,
la vida ya no la siento.
Pero me duele este hombre
que vino a ahorcarse ya muerto.
Del libro “Tierra conmovida”
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
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20 Enero 2012
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Los cuernos
En los ámbitos de la juventud, o al menos de una gran parte de ella, los cuernos están tan devaluados que podría dar la impresión de que no solo no les importa ponerlos, que eso se comprende, sino de que tampoco les importa mucho que se los pongan, lo cual es más difícil de comprender.
Hace solo unos días, en una conversación que creo interesante y sincera, un joven me dijo que con su novia no le apetecía salir a los lugares de marcha.
-¿Por qué? –le dije yo, con una ingenuidad irreflexiva-
-Porque si estoy con ella no puedo hacer nada con otras
-¿Es que lo harías si ella no estuviera?
-Por supuesto
-No será tan fácil...
-Hoy sí, Mariano, hoy sí…
De lo que me dijo este joven, de lo que me han dicho otros jóvenes como él, de lo que he ido sabiendo por mis hijos y sus amigos, de lo que yo me he enterado por unas y por otras y de lo que deduzco atando cabos de todo y de todos, se podía sacar la conclusión de que los chicos, que nunca han sido adalides de la fidelidad, casi se tienen que defender de los ataques en tromba de chicas, tradicionalmente menos predispuestas a la promiscuidad y al “cornuperio”. Sobre todo de las jovencitas. Y claro, pastando en esas praderas se adquieren ciertas costumbres o adiciones que luego no pueden sacudirse con emparejamientos más o menos precipitados:
-¿Me quieres, cari?
-Sí, cielo, te quiero mogollón
-Entonces, ¿nos vamos a vivir juntos?
-Vale, amorcito, juntos y revueltos.
De modo que, cuerno va, cuerno viene, la convivencia en pareja –tanto da si es o no matrimonio-, acaba por durar cuatro días.
Lo malo es que los cuernos no pueden abolirse por ley -aunque a menudo se haya pretendido-, como se encarga de decirnos la vida y como se ha encargado de decirnos la historia. Puede haber una merma circunstancial, ciertamente, y lo que habrá desde luego, en caso de imperiosa necesidad, es un sigilo mayor y un mayor disimulo en los comportamientos, pero los cuernos existirán por encima de todas las leyes, de todas las religiones y de todas las dictaduras. Recuérdese que hay países en los que las infidelidades sacadas a la luz conllevan el escarmiento público y que éste puede llegar hasta la pena de muerte. Y ni siquiera así se eliminan. Porque la carne sigue siendo la carne y las tentaciones están a la orden del día…
La época en la que escribí este soneto no era tan florida como la actual, desde el punto de vista de los citados adornos de la frente, pero ya apuntaba maneras y procedimientos. Y, en todo caso, al escribirlo, yo pensaba más bien en los cuernos estructurales de una sociedad sexualmente normalizada, o sea, hipócrita, y no en las variaciones que se producen por esta o aquella represión, en esta o aquella coyuntura. Y, por supuesto, no le falta su cuota de humor y de ironía.
Por eso se lo he dedicado a Quevedo.
Los cuernos
A Quevedo
Destacan los del ciervo por vistosos,
el toro los entesta con belleza,
al hombre le adjetivan la cabeza,
más nacen del amor, siendo amorosos.
Aquellos que lo ocultan, vergonzosos,
hundidos y humillados por la pena,
que yergan la testuz sobre la arena
y olviden que los burlan en los cosos.
Jamás será un agravio pesaroso
llevar una profusa cornamenta,
si es juego del amor, y nunca afrenta.
Los cuernos son al fin la mala renta
de un culo zascandil, que ya no cuenta,
y deja el campo libre, que es lo hermoso.
Del libro “Mitad de amor, dos cuartos de querencias (1984)
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
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15 Enero 2012
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Poemas con dedicatoria sobrevenida
Explicación de la falla
Queridos amigos: estaba releyendo algunos de los trabajos recogidos bajo el nombre de “Expresiones propias”, donde se incluyen, entre otros, los “Poeminos lunáticos” y los “Poeminos de amor”. De pronto, al leer el titulado “La Alcaldesa”, se me vino a las mientes doña Rita Barberá, persona que no necesita presentación. Y no es que la Alcaldesa de Valencia, cuyo sello de identidad pudiera ser el arrojo, se parezca en nada a la del poema, sino que hay cosas que suceden así y poco puede uno hacer para evitarlo. De lo sí estoy seguro es de que esa relación casual que se ha producido en mi mente, se va a convertir de facto -y por arte de birlibirloque-, en una relación de causa y efecto. Es decir, ya no volveré a leer nunca este poema sin pensar en la Señora Barberá, aun en el supuesto de que dimitiera de su cargo, lo que parece poco probable por ahora. Que ella me premie con una sonrisa si le parece bien o me castigue con el rictus del cabreo si le parece mal, que yo estoy dispuesto a ir con diligencia del agradecimiento a la disculpa. En todo caso, a mí me da la impresión de que, políticamente, el hecho no tiene ninguna relevancia y de que moral y éticamente es inocuo.
El problema es que, como ya había saltado la chispa, ésta se reprodujo unas cuantas veces más al seguir leyendo los referidos trabajos. Así, en “Vientos del sur” me encontré con la Duquesa de Alba y en “Edades” me encontré con don Manuel Fraga y con don Santiago Carrillo. Valga para todos ellos lo dicho para Rita Barberá, como es obvio.
Los dejo aquí con tres indicaciones. Primera: el dedicado a Zapatero es la excepción a lo que acabo de decir, dado que no es exactamente un poema mío, sino una pequeña parodia de unos versos de Calderón de la Barca, que fue hecha a propósito de un artículo que escribí hace más de un año. Segunda, las manos que me hicieron pensar en Rubalcaba no pertenecen a la serie “Expresiones propias”, sino al libro “El cielo se hizo de amor”. Tercera: a modo de elemento de distorsión, despiste o ironía, he metido un pequeño gazapo.
Finalmente, sugiero que no se busquen parangones entre la materia tratada en el poema y el personaje que carga con la dedicatoria. Y si en algún caso los hay, no fueron escritos a propósito, como es fácil de ver, sino adjudicados a posteriori como en un acto reflejo.
Un abrazo
Poemas con dedicatoria sobrevenida
La Alcaldesa
A Rita Barberá
Su forma de andar era tan tiesa
que todos la llamaban la Alcaldesa.
Tercamente, con paciencia,
esperaba una lejana contingencia.
No estaba adscrita a un partido.
Ella no, su marido.
Su marido, sin embargo,
no logró mear tan largo.
Como honrado que era, y bueno,
lo ponían en la lista de relleno.
Entre ríos
A Mariano Rajoy
Si se te acaba el trabajo,
escucha bien, rapaciño,
pues necesitas dinero.
Ven a currar en el tajo,
que tengo yo, porque es miño,
y está a la orilla del Duero.
Alzheimer
A Adolfo Suárez
Un legado de historia
es la memoria.
Pero el olvido
es la goma que borra
lo que ya ha sido.
La cuentas claras
A Cristóbal Montoro
En las escuelas de Guadalhorce,
siete y seis suman trece,
y una catorce.
Tierra
A Miguel Arias Cañete
He de volver a la tierra,
vivo, muerto o reencarnado,
para ser lo que ya he sido,
para andar lo que ya he andado.
Para ser esa pradera
en la que pace el ganado,
quiero que suelte la costra
mi corazón asfaltado.
He de ser tierra de nuevo
en la que se hunda el arado.
Parodiando a Calderón
A Zapatero
Zapatero, a tu mandato
término fatal llegó.
Ya no serás Presidente,
será Mariano Rajoy.
Adivinanza
A Rubalcaba y a Chacón
Porque mi nombre es Donoso
y habito una madriguera,
me ronda una compañera
que quiere hacerme su esposo.
Por mí está bien, soy dichoso
y ella es osada y es fiera.
Edades
A Manuel Fraga y a Santiago Carrillo
Hay una edad que se vive,
hay una edad que se siente,
hay una edad que se piensa,
hay una edad que se teme.
Yo temo más los sesenta
que el doble, los ciento veinte.
Tus manos
A Rubalcaba
No tienen sitio tus manos
entre mis manos.
No tienen sitio.
Porque sus leves temblores
no son de amores,
sino de frío.
Las manos enamoradas
no están calladas.
Hablan a gritos.
Tus manos están vacías
y entre las mías
no tienen sitio.
Vientos del sur
A La Duquesa de Alba
A una mujer de Atapuerca
que tengo yo en el recuerdo,
en las pendientes muy pinas
se le escapaban los vientos.
¿Qué puedo a hacer –les decía
a los vecinos riendo-,
si me se salen del alma,
si me se van sin queriendo?
Explanations
A Clara Ciones
¿What is qué?
¿How is cómo?
¿Where is dónde?
¿Casi is almost?
Well is bien,
but is pero…
early is pronto.
¿What is pasa?
Poca thing,
pasa is happen,
all is todo.
Continuará…
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13 Enero 2012
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El rollo
Allá por los primeros años 70, cuando el porro no estaba instalado en esta España dual y contradictoria, un amigo me dijo que al inhalar los humos de un peta entraba en los jardines de Príapo y no salía de allí hasta que no se le pasaban los últimos efectos y volvía nuevamente a la realidad monda y lironda.
Dichosas ellas.
Claro que no siempre que pasa igual sucede lo mismo. Así, otro amigo me dijo que a él le pasaba justamente al revés, o sea que, al encontrarse en una situación parecida, el inquilino del bajo manifestó claramente que no se levantaba.
-Entonces, ¿hoy no bajo D?
-No, hoy se me ha metido entre las cejas el pedal de la bici.
Ni que decir tiene que fue el segundo caso, y no el primero, el que me llamó realmente la atención:
-¿Cómo que no se levantaba?
-Que no, tío, ni aunque hubiera llamado a la grúa.
-¿Le enseñaste el horizonte?
-Naturalmente. Y era bueno
-¿Le pusiste delante la zanahoria?
-Que sí, coño, que sí…
-¿Y qué?
-Pues eso, igual que si le hubiera puesto a una vaca
-Y ella, ¿qué hizo?
-¿A ti que te parece? Me llamó marica y medio…
-¿Y lo eres?
-¿Qué dices, muchacho? ¿Se puede ser uno y trino, tres en uno, cuarto y mitad? Yo he sido siempre entero y verdadero.
-Vamos, un hombre de una pieza.
-Eso, de una pieza…
Pues ahí dejo las cosas, con el pequeño retrato que les hice, en el que quedaron fijadas para siempre.
Un abrazo
El rollo
- No te canses, comadre,
que no es buen rollo
revolcarse en la yerba,
si no es de un porro.
- Pero tío, ¡qué dices!
A ver, explica.
¿qué le pasa a tu cuerpo
que no se excita?
¿Tiene cruces de neuras,
brotes de nauseas?
¿Tiene fugas de hormonas,
abscesos, traumas?
¿Qué le va, lo asexuado,
lo hermafrodita?
Pues a ver, camarada,
lo que te pica.
- Vale, tú, no te pases,
tampoco es eso.
Que si quiero los porros,
también el sexo.
- Lo que quieras, compadre,
no me lo cuentes;
lo que sé es que te cuelga
lo que no metes.
Que a lo vivo, lo vivo
no se te eleva;
con el porro te duermes
y luego, mierda.
De manera que, tronco,
constata el hecho:
Maricón que se esconde,
marica y medio.
Lo demás es un cuento
como una casa;
tu moneda es un culo
por las dos caras.
De la serie “Expresiones propias”
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4 Enero 2012
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Hoy me pesa el amor
Hoy me pesa el amor en las enjalmas
donde llevo un aloque de limón,
un vino arrabalero.
Me ahogan los abrazos
espesos de las hidras, la fijeza
del beso mineral, las púas
erectas de la rosa.
He llegado a la sed.
He encallado en la sal, en los alfaques
profundos de la herida:
allí donde la arena es un dolor
de herrumbre y arcosolios.
Mi cetro es un escriño de ceniza,
un arrope de lirios sin rizoma...
Y yo mismo ¿qué soy
sino un falucho triste
o una malva creciente
de miedo y tembladera?
Hoy me pesa el amor en los hortales
excelsos de la carne o en los
hondos bajíos de la mar:
de esa mar sin bateles
que al tiempo que me absorbe me vomita.
Del libro “Desde la flor del almendro”
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