7 Abril 2012
http://marianoestradavazquez.blogspot.com.es/2012/04/tambien-probe-el-amor.html
También probé el amor
También probé el amor
en los linderos de la hierba:
allí donde el barranco se desliza
por un cauce de margas o de gozo.
Bajo una luz venial –que daba
en las cenizas de la noche-
orillé las toperas de la carne,
los musgos entreabiertos, las gargantas
hondas y el vaho proceloso.
Y fue delicia el cardo con su brusca lezna
y el espino prensil
o la ganzúa de la aliaga.
Amado en el amor y consentido amante,
entre salvias, genistas o torviscos,
rociado por espumas de vilano y
ausente en realidad
de otra estadía que la gloria,
ni siquiera advertí que me espiaban
-impunes y morbosos-, los ojos de
dos cuervos disfrazados de Civiles.
De pronto se hizo verbo el perigonio verde,
mas ya volvía yo de los hortales
fecundos de la gleba.
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31 Marzo 2012
http://marianoestradavazquez.blogspot.com.es/2012/03/antiglobalizacion.html
Antiglobalización
Reproduzco aquí este artículo del 2001 que -a la vista de cómo iban entonces las cosas-, pronosticaba que la globalización no iba a ser tan buena como decían sus defensores. Y, efectivamente, la globalización se ha impuesto en el mundo de la forma más perniciosa: la que ha arrodillado a la política y ha sometido a los ciudadanos a la voluntad de quienes tienen el poder y el dinero. Para éstos están siendo las mieles.
Mariano Estrada, marzo del 2012
Antiglobalización (21-07-2001)
Está claro que al movimiento antiglobalización le sobran determinadas exageraciones, especialmente en las formas. Pero no le falta razón. Al contrario, al dinero hay que pararle los pies para que la globalización, hasta ahora bicoca de unos pocos, se convierta en riqueza universal, ecuménica, generalizada. ¿Es eso posible? No sé, si el beneficio no alcanza a los desheredados, la globalización es exactamente una mierda. Eso sí, una mierda que perpetúa el poder y el enriquecimiento de las multinacionales y denigra profundamente a la humanidad, la cuál se verá sometida a una terrible depauperación, a una nueva forma de esclavitud, a un acoso moral sin precedentes, a un silencio trufado de indignidades.
Dice Ernesto Sabato en su último libro publicado, La Resistencia, que "nos salvaremos por los afectos". Pero a lo mejor no es verdad, a lo mejor nos salvamos por el tesón de unos jóvenes cuyo patrimonio es ante todo la rebeldía. Tal vez el mundo ha adquirido estos tintes y derroteros porque el binomio juventud-rebelión, matrimonio que creíamos indisoluble, se ha disociado peligrosa e incomprensiblemente. Los jóvenes deben ser siempre la esperanza, que, ligada a la vida, es principio activo. Qué importa lo que lleguen a ser, ahora son jóvenes y rebeldes. Y deben manifestarse como tales: con limpieza de corazón, con pensamientos no contaminados y con amor a los semejantes. Deben decir que no, deben poner zancadillas al desafuero, deben evitar que el futuro les obligue a ser sinvergüenzas, es decir, ejecutivos a sueldo de cualquier institución en la que mande el G-8, sea Estado, multinacional o un híbrido deforme de estas dos cosas.
Globalización, sí: de la variedad y del equilibrio, respetando escrupulosamente los valores naturales y al servicio de las mujeres y los hombres; nunca del dinero, que tiende a acumularse en ciertos puntos a los que, casualmente, no llegan jamás los menesterosos. ¿Y cómo van a llegar, señores míos, si se trata de paraísos privados en los que ya no entra ni Dios? La codicia de algunos puede ser infinita, hay que ponerles coto. Yo les diría a los jóvenes del mundo que en las elecciones de sus respectivos países votaran todos en blanco. Como principio de una rebelión más profunda, ésa sería la rebelión de las papeletas. Ya verían ustedes cómo empezaban a civilizarse esos depredadores sin sentimientos y sin escrúpulos a los que Hobbes llamó lobos, tal vez insultando a unos hermosos animales que, mira tú por donde, hoy necesitan ser imperiosamente protegidos.
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19 Marzo 2012
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La corrupción, esa sanguijuela rejuvenecida
La corrupción ha llegado a un punto realmente alarmante. Hay países, como Italia, en los que puede estar en punto de no retorno, a no ser que alguien remueva las estructuras del Estado, lo cual parece difícil teniendo a casi todos los políticos corrompidos y estando por medio la mafia. Es cierto que hay otros países que son más corruptos todavía, pero no de los supuestamente “civilizados”, salvo Grecia. En el caso de España, el problema es también asombroso. Algo habrá que hacer al respecto para que el barco no se hunda. Y, al margen de la urgencia, tiene que ser algo drástico de verdad, no valen ya disimulos, parcheos, camuflajes, vistas-gordas ni medias-tintas.
No obstante, la corrupción no ha nacido ahora precisamente, sino que se viene practicando desde hace mucho tiempo (en realidad su tiempo es inmemorial, pero vamos a limitarnos al que nos atañe directamente a nosotros). España tuvo la ocasión de ser un país ejemplar en este sentido, al tener que empezar de cero –al menos teóricamente-, como consecuencia de la muerte de Franco. Pero no supo o no quiso o no pudo. Tal vez porque, en lugar de pronunciarse por la ruptura, se pronunció por la reforma. Y la reforma se hizo desde dentro, con muchísimas de las personas que habían participado en el régimen anterior. Las que lo hicieron por primera vez, como ahora puede verse, fueron utilizadas magistralmente para darle apariencia de veracidad al proceso.
El caso es que la corrupción fue cultivándose día a día y al final de los sucesivos mandatos de Felipe González era ya un clamor imposible de silenciar que reventó por todas sus grietas. Con el primer gobierno de Aznar –quien públicamente la había puesto en el punto de mira-, parece que se corrigió parcialmente esta práctica malsana y deplorable, pero la procesión iba por dentro, donde el agua corría contaminada, y volvió a aflorar con fuerza en su segundo mandato. Y ya con el gobierno de Zapatero no hizo más que alargarse y crecer, hasta llegar a donde estamos ahora, que es en la mismísima mierda.
Dejo aquí fragmentos de artículos que versan sobre ciertos aspectos de la corrupción y que fueron escritos y publicados en alguna de las etapas referidas. He seleccionado éstos, podían ser otros.
Un abrazo
Diciembre de 1996
Entre empujones de vértigo y de prisa, sudoroso en el alma, a veces angustiado y casi siempre descontento, camino diariamente por la jungla farragosa de la Sociedad. Y mi camino es libre.
Diariamente también, miro el horizonte de la luz por las acequias de la contaminación y las murallas grises de los edificios. Y mi mirada es libre.
En el simple vivir de cada día, bajo el mefítico aire de una opinión universal groseramente mediatizada, mi pensamiento levanta arquitecturas propias. Mi pensamiento es libre.
Y porque tengo libertad puedo decir que los Gobiernos mienten, que el poder desarma a sus mejores hombres, que las prebendas abundan y no precisamente en los zurrones del hambre, que la justicia es un ave con un ala bastante desplumada, que los cargos hacen máquinas descorazonadas y convierten a las víctimas en verdugos, que los partidos profesan un altísimo desdén y un excesivo particularismo, que las burocracias ahogan, que los Estados subyugan y someten... (Mariano Estrada, del artículo “La misma petición de libertad”)
Agosto del 2000
¿Qué futuro tenemos como humanidad si los jóvenes, que por higiene social deben ser rebeldes e inconformistas -cuando no abiertamente revolucionarios-, están plácidamente conformes con el poder y éste es de centro, es decir, rabiosamente liberal, es decir, sometido a las mordidas de la corrupción, a las patadas de la insolidaridad, a los excesos del alto beneficio y de los escandalosos intereses de la gran empresa privada? ¿Qué hemos hecho nosotros, sus mayores, para tenerlos atados al poder con semejante mansedumbre?
Pero al margen de lo que voten los mayores, constreñidos al arraigo de sus creencias y también al influjo de sus bienes, los jóvenes, por norma, debieran salirse de la lista: no ya para alcanzar de algún modo el poder -que los iba a hacer majaras y corruptos-, ni siquiera para derribarlo -que acaso los llevara a la debacle-, sino para obligarlo a estar continuamente en su sitio: ni un favor, ni un abuso, ni una leche bendita... Al pan, pan; la letra clara, los puntos sobre las íes, las tentaciones con pulgas, los compromisos, ley; la corrupción al hoyo.... Eso sí, la generosidad incluida en el precepto.
¿Un sueño, una quimera, una entelequia? Bueno, cuanto más nos acerquemos al ideal, que es éste, tanto más cerca andaremos de la honradez y de la grandeza de espíritu, cosas de las que estamos tan amargamente necesitados. Los jóvenes también, por lo que veo, y, por supuesto, los mayores. (Mariano Estrada, del artículo “El centro y los jóvenes”)
Marzo de 2005
Hace un día gris, que es el color de la mediocridad y de la tristeza. Las noticias de los periódicos tampoco invitan a grandes alegrías. Los políticos son grises también, pero ellos están iluminados por su propia interpretación de la realidad, con la que hacen verdadero maniqueísmo ¿Cómo? Descomponen el gris, y pontifican: esto es blanco, porque lo ocupo yo, y lo demás es negro. Y el negro es el color de la negación y de los funerales. Pero también de la mafia.¿Por qué la mafia viste siempre de negro? Boca cerrada en Cataluña. Dinero sucio en Marbella. Pozo sin fondo en Gibraltar. Gibraltar es el pozo donde se ocultan los nubarrones de Marbella, los nubarrones Jet. Mafia pura, abogados que desprecian la ley, notarios que no tienen para vivir, pobrecillos, y se ofrecen para blanquear el negocio de los corleones. Armas, droga, prostitución, a veces hasta secuestro y asesinato... Al margen de los que se ganan la vida honradamente con su trabajo ¿Qué es Marbella sino una corrupción abrumadora e infinita? ¿Qué es Gibraltar sino un prolongado delito internacional? ¿Gibraltar español? Allá se hundan sus barcos y sus honras y se limpie el territorio de tiburones. Lo que quede a salvo, se lo seguiremos reclamando a los ingleses. (Mariano Estrada, del artículo “Mafias y corrupciones”)
Abril de 2006
Los políticos deberían estar muy bien pagados, incluso excelentemente pagados por el normal desempeño de sus funciones, pero también deberían tener sobre sus cuellos una espada afilada y especialmente sensible: “Damocles, baja, que este ha metido la mano donde no debía” ”Damocles, descuélgate, que este ha cometido una prevaricación bochornosa” “Damocles, desciende, concreta tus constantes amenazas y cébate en la sangre de estos listos que se han llevado la pasta a través de una persona interpuesta” “Damocles, cae de una vez y corta la avaricia de los que se ponen al servicio de los ciudadanos hasta que encuentran la manera de hacerlo justamente al revés: servirse de ellos y, si llega el caso, sodomizarlos, aunque sea metafóricamente”.
La verdad es que no se entiende bien que, sabiendo fehacientemente que el poder corrompe cuanto toca, no haya unos mecanismos de control que sean suficientemente eficaces y severos, de manera que los ceses, además de fulminantes, fueran prácticamente automáticos
Dentro de poco, y si esto sigue así, exhibirán la corrupción como un trofeo de caza: “Señores de la pocilga: el pelotazo que acabo de pegar en nombre de mi partido está tan bien perpetrado y es tan pantagruélico y tan lúcido que debe postularme para ministro en el caso de ganar las elecciones generales. ¿Entendido?”. (Mariano Estrada, del artículo “La corrupción y el voto en blanco”)
Diciembre 2006
En la maraña especulativa que nos envuelve, están comprendidas todas las formas de la corrupción: la prevaricación, el cohecho, el soborno, el fraude, el engaño, el robo, la malversación, el cambalache, el clientelismo… Ha tenido que llamarnos ha atención hasta la ONU, una organización que, no obstante, guarda un silencio cómplice y ominoso ante el esquilmo y la sangría que los países “civilizados” (a los que ahora se han sumado los asiáticos) siguen perpetrando en África, donde los dictadores, con raras excepciones, no sólo campan a su antojo, sino que, con blindajes en sus respectivos parlamentos, convierten las dictaduras en regímenes hereditarios, que es la mayor barbaridad política que a alguien se le pueda ocurrir ¡Qué horror! ¿O acaso hay otras más grandes? (Mariano Estrada, del artículo “La España especulativa”)
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17 Marzo 2012
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El porro
Tenía 20 años y no había oído hablar de los porros. ¡Oh, what a stupid man! –me dijo un día una chica americana, llamada Helen, que quiso obtener de mí lo que yo no podía darle-. En realidad, la primera vez que oí hablar de los porros creí que quien los mentaba se refería, erróneamente, a los verdosos tallos de las cebollas, a los que en casa llamábamos puerros. En mi descargo diré que, en aquella época ingenua -y sin embargo malvada-, de nuestra historia (últimos años 60), los porros solo eran conocidos por una pequeñísima parte de la sociedad, que se localizaba fundamentalmente en las universidades, que entonces eran pocas, y en los sectores que de una u otra forma tenían contacto con el exterior, algo que no es fácil de cuantificar. Y fue precisamente un compañero de la universidad el que me habló un día de ellos, de los porros, y lo hizo para decirme que había fumado unos cuantos y que había alucinado en colores.
Y no es que no creyera a mi compañero, que lo hice a pies juntillas, sino que no me enteré mucho de lo que hablaba, ya que ni siquiera sabía lo que era alucinar en colores. Supuse íntimamente que era algo así como lo que ocurría cuando fumábamos hojas secas de espino envueltas en papel de periódico, que estaba entre las cosas que hacíamos los niños de los pueblos a la edad de ir a la escuela. O sea, un picor bestial en la garganta y, después, si eras primerizo, un impresionante desequilibrio en la cabeza ¿Cómo un gran mareo? Sí, un mareo que te tumbaba.
Mi compañero no insistió tampoco demasiado, así que volví a pasar un tiempo en la inopia, que es el lugar donde vivíamos entonces la inmensa mayoría de los españoles, y ahora no me refiero solo a los porros. En la inopia, o en Babia o en la higuera, que tanto da, aunque de hecho vivieras en la calle Gaztambide, en el Paseo de la Habana, en el barrio de San Frontis de Zamora o en el muy noble sitio de La Almunia de Doña Godina, Zaragoza, de donde eran algunos de mis amigos, que, por supuesto, sabían aproximadamente como yo: muy poco, a pesar de que uno de ellos presumiera de leer a Miguel Hernández y de tener ciertas noticias, siempre nebulosas, de una tal Dolores Ibárruri, La Pasionaria, lo que era casi vox populi.
El caso es que éramos todos unos cándidos ¿Todos… todos? Bueno, todos, no. Aunque poca, había alguna gente informada. Luego estaban los cínicos, los opresores, los militares, los políticos, los curas, los carceleros, los verdugos…
Hay que decir, además, que yo procedía de un internado de dominicos, ubicado en La Virgen del Camino, León, donde ni siquiera estaba permitido fumar -ahora me refiero al tabaco-, y las personas que había tratado después: en Zamora, Salamanca o Madrid, tenían la misma información al respecto que yo, es decir, ninguna ¿Cómo es posible tener desinformados a treinta y pico millones de personas durante tanto tiempo? Lo sé, lo sé, en China hay mil millones de desinformados actualmente y estamos en la era digital…
Yo estudiaba en la Escuela de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Madrid y allí jamás vi un porro. Residí en varias pensiones en las que había gente de muy distinto pelaje y allí jamás vi un porro. Frecuentaba las zonas de ambiente de Madrid y allí jamás vi un porro. Viví en una residencia de trabajadores de la Ciudad Lineal y allí jamás vi un porro. Viví en la residencia universitaria San Fernando, en Arturo Soria, y allí jamás vi un porro. Viví en un pueblo de Zamora, llamado Muelas de los Caballeros, y allí jamás vi un porro. Hice las milicias universitarias en el campamento General Martín Alonso de Talarn, Lérida, y en La Escuela de Artillería de Fuencarral, Madrid. Y allí jamás vi un porro. Finalmente, hice las prácticas de las referidas milicias en el Parque de Automóviles de Torrejón de Ardoz y allí jamás vi un porro.
¿Se puede decir, en consecuencia, que existían los porros en España? Claro que se puede ¿Dónde estaban, entonces? No lo sé, aquí y allí, escondidos en las madrigueras de los consumidores o de los proveedores, pero repito: yo no vi ninguno. Téngase en cuenta que, en aquellos duros tiempos de la dictadura, las drogas que no había estaban ferozmente penalizadas.
Y lo más curioso de todo es que tampoco los olí –sigo refiriéndome a los porros- y todos sabemos cómo huelen. Y cuánto. Por cierto, huelen perfectamente mal. Nada que ver con el llamado tabaco de pipa, que a mí me tenía encandilada la pituitaria. Mi compañero me dijo que había fumado porros y ya está, lo demás fue un acto de fe ¿Sería yo un pardillo? Seguramente ¿Y un cándido? Sin duda ¿Y un tonto? También, también, porque feliz sí era… Por cierto, las cosas que he visto después me han hecho ser dos tontos, como a Alberti.
Fue a partir de 1972 cuando las noticias sobre los porros empezaron a tener una frecuencia creciente que, con el paso del tiempo, se volvió realmente exponencial, hasta llegar a los años ochenta en los que el porro se había metido de lleno en todos los segmentos de la sociedad, o casi, y llegaba a los lugares más recónditos que puedan ser concebidos o imaginados, incluidos aquellos en los que la hierba, como todo el mundo sabía, nacía libremente en los valles, los prados y los montes y lo hacía únicamente para embellecer los paisajes y servir de alimento a los caballos, a los burros, a las vacas, a los corzos, a las ovejas…
En aquellos años, las drogas que mayoritariamente se consumían en España eran los derivados del cannabis y fundamentalmente el hachís: esos tricomas de la flor que se convierten en una piedra dura de colores oscuros -entre marrones y rojizos-, y luego se malea con el calor y se mezcla convenientemente con el tabaco. Los expertos la llaman haschisch y dicen que es una droga psicoactiva. En los países productores se suele fumar en pipa, pero aquí no, aquí se fuma en porros, o canutos o petardos, con lo que pierde bastante en elegancia, si es que alguna puede tener, que yo lo ignoro. El hachís procedía de Marruecos (Valle del Rif), aunque también se producía, y se produce, en Afganistán, Líbano, Nepal, La India….
Los jóvenes que hacían la mili en El Aaiún, Sahara Occidental, volvían a casa con una información detallada de esta droga y en muchísimos casos con un profundo conocimiento de la misma, ya que se habían vuelto entusiasmados consumidores, y a veces en cuantía mayor. La marihuana y el LSD empezaron a popularizarse en España un poco después, asociados al pop y a la psicodelia. También apareció la heroína, que llegó ligada al Heavy, y la cocaína, que en cierto modo la sustituyó y ahora es tal vez de las que más se consumen. Y ya en la época de los 90 se introdujo el éxtasis y otras drogas sintéticas, todas ellas asociadas a algún tipo de música. El éxtasis, por ejemplo, estaba asociada al bakalao.
Y lo dejamos ahí, en el hachís, porque es ahí donde entronca justamente el soneto que dejo a continuación. Por otra parte, este no es un estudio sobre las drogas, cuyo consumo data de miles de años atrás y cuya historia es realmente prolija, pero está ampliamente documentada en internet, sino un simple comentario sobre los porros elaborados con esta sustancia, que eran los que se consumían mayoritariamente en la época en que situé mentalmente el soneto.
Por circunstancias que no hacen al caso, en los años ochenta yo conviví a ratos con gente que no solo le daba mucho al porro, sino que lo hacía a todas horas. Eran más jóvenes que yo, pero me admitían en su grupo sin reservas, a pesar de que sabían perfectamente que yo no bebía alcohol y que fumaba solamente tabaco, dos drogas que entonces no se consideraban como tales.
Tengo que decir que aprendí mucho de aquellos jóvenes, aunque para ello tuve que hacer algunas cosas que no me producían precisamente felicidad. Por ejemplo, coger el coche a la una de la mañana y, con cuatro sombras dentro –más la mía-, recorrer ciento y pico kilómetros para ir a buscar un pedrusco de hachís que ellos necesitaban con urgencia para poder calmar sus ansias aquella noche de luna y de verano. Ellos no disponían de vehículo y se habían quedado asperges y sin novia. ¿No pude, no quise o no supe negarme? No sé, pero lo cierto es que fue un viaje muy chungo, porque, además de que la carretera era mala, la vuelta tuve que hacerla completamente solo, es decir, con esas cuatro sombras que, al margen de la mía, se pusieron de droga hasta las hélices y se olvidaron completamente del mundo. Y, lo que es peor, de mí. Menos mal que estaba la música y ella me sirvió para entretenerme en la soledad nocturna de la carretera. Y también para quitarme las telarañas del sueño, pues, como buenos trasnochadores, llegamos a casa a la hora intempestiva e imprudente de la salida del sol.
Fue en el verano del 82. Miguel Ríos arrasaba en las ondas, pero a ellos les gustaban los Rolling, Duran Duran, Queen, Barón Rojo y otros grupos o bandas que también se oían bastante en la radio. Sin embargo, yo llevaba un casete e iba oyendo a The Police, a Barry White, a Alan Parsons Project…Cada loco con su tema, como diría el Noi del Poble Sec, aquel que cantaba a Machado y a Miguel Hernández, el que se escondía tras las cañas del Mediterráneo para jugar al amor.
Un abrazo
El porro
De todos los venenos que inoculo,
hay uno con la tinta disociada:
Si sigo con su rollo no soy nada,
si dejo la movida voy de culo.
Así que en el dilema me pendulo
y voy del colocón a la frenada;
los aires de señor y la mirada
al loro de una china de cien duros.
Y ya me viene inflando el cachirulo
tener que ventilar en la parada
el coco bipolar con que especulo.
De modo que me engancho a la cambiada
y monto en una “depre” exagerada
que me hace colindante de lo nulo.
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15 Marzo 2012
http://marianoestradavazquez.blogspot.com/2012/03/el-ancla.html
El ancla
Porque el aire es un musgo de silencios,
yo respiro la mar, tal vez la vida.
Mis venas precipitan en la noche
un incendio de sales:
Vapores, cálidas rompientes,
gollizas de coral, espumas,
arrecifes, alfaques, rizos de alga…
(Efluvios, vahos,
aceites lubricantes y salivas,
humedades del sexo… Tributarias
esencias del amor, o el mar,
que es agua y sangre y, en el fondo, tierra)
Así, ardiente y vivo,
he ascendido al olor de la marisma,
al estruendo feroz de los acantilados
o al trasiego del barco en la bocana,
que es, al cabo, la génesis.
He ascendido a la voz de las sirenas,
al ónfalo marino o al secreto
fuego de las profundidades.
He ascendido a las olas tormentosas
o bronco pleamar, donde el diluvio
vacía su atanor
en esplendores de agua.
Ahí,
en esa altura exacta o ese abrazo
mi sangre se atempera;
se atempera la mar, tal vez la vida.
Como un desgarro brusco del deseo
percibo un empujón de lasitud, un golpe
dulce que ahuyenta las mareas.
Huele a lonja y a paz
y a maderamen viejo.
¿Qué importa que el ancla se deslice,
con sus lastres de plomo,
hacia el vaso profundo de la muerte?
Del libro “Desde la flor del almendro”
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
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11 Marzo 2012
http://marianoestradavazquez.blogspot.com/2012/03/la-crisis-como-enfermedad.html
La crisis como enfermedad
Primero nos dejamos llevar por la codicia
Volvamos unos años atrás
Si se acepta el “laissez-faire” de la economía de mercado –instalado cómodamente en la llamada economía mixta, que es la que se maneja en la mayoría de los países- habrá que reconocer que el beneficio no sólo es una conclusión razonable sino también imprescindible, aserto que no vamos a analizar por no ser ésa la intención de este artículo. Lo que sí cabe decir es que, en base a esa lógica de perogrullo, o, mejor dicho, con la disculpa de la misma, se pueden hacer aberraciones de tamaño realmente descomunal. Así ocurre, por ejemplo, con determinadas empresas multinacionales que, acumulando parcelas de poder, llegan a poner en entredicho a los Estados en los que se desenvuelven. Pero nadie se haga cruces; en la práctica, ése es el terreno más lógico del hoy tan propugnado liberalismo, toda vez que, al margen de sus teóricas proposiciones, lo ocupan intereses tan humanos como la ambición y la codicia, y éstos, como queda patente en los anales, no tienen acotados los límites. (Mariano Estrada, 1996)
Luego nos llegó la Enfermedad
Vayamos al momento de la diagnosis
Enfermos crónicos
Diagnosis para tiempos excesivos.
Daños de la especulación.
Pudimos elegir
y elegimos la enfermedad.
Ahora estar enfermos
es el sentido último
de nuestra vida.
Y a esta situación,
-de diagnosis tan clara-,
ya no le cabe enmienda ni remedio.
Y, en todo caso, sólo el niño
puede ser rescatado.
Porque el hombre ya tiene,
sellada en la conciencia,
la forma elemental de su destino:
Una estructura plana.
(Mariano Estrada, 2007)
La necesaria Purgación
Mirémonos desde el presente
¿Cómo saldremos de este pozo negro en el que la codicia nos ha metido? La receta que nos proponen algunos es la siguiente: que haya más pobres, que las clases medias sean cada día más bajas, que los ricos sean mucho más ricos. Yo creo, en cambio, que habría que modificar sustancialmente la propuesta. Por ejemplo: las distancias entre los sueldos que proceden de la Administración son escandalosamente obscenas y humillantes, pudiendo llegar a ser de uno a diez. E incluso más. ¿Por qué? Eso es sencillamente ofensivo e injusto. Segundo: en el sector privado, que cada cual gane lo que buenamente pueda, siempre que lo haga en buena lid, pero que pague a hacienda en proporción a lo que gana, sin subterfugios, con un sentido real de la justicia distributiva. En cuanto a los sueldos pantagruélicos o desorbitados, habría que pegarles un tajo monumental. A tal ofensa, tal remedio. Que un futbolista o un banquero ganan diez millones de euros al año? Muy bien, pero que paguen la mitad. Y la mitad son cinco millones, no el resultado de deducir lo indeducible o de aplicar lo inaplicable. Vamos, lo que Gabriel y Galán llamaba el “Pi minus erre”. Además, fuera privilegios, fuera prebendas, fuera mamandurrias, fuera bicocas, fuera comisiones, fuera duplicidades y derroches, fuera dietas indiscriminadas, fuera subvenciones a discreción, fuera cochazos oficiales, fuera nombramientos a dedo, fuera corrupciones, fuera familias, fuera amiguetes….Y, por encima de todo ello, fuera paraísos fiscales.
Por cierto, yo no quiero salir de este pozo en el que estamos hundidos para ascender a la nube de la que acabamos de caer. Yo quiero un mundo más sereno, más equilibrado, más sosegado, más hospitalario, más justo. Yo quiero una vida menos asfixiante, menos convulsa, menos histérica, menos lujosa, menos apresurada, menos estúpida, menos egoísta. O lo que es igual: más relajada, más equilibrada, más auténtica, más razonable, más solidaria, más humilde, más humana…¿Estaríamos dispuestos a asumirla? (Mariano Estrada, 2012)
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8 Marzo 2012
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Política, políticos y corrupción:
1.- El hombre ha abierto tanto las fauces, que los lobos deben ser protegidos de la ferocidad.
2.- Los jóvenes son los únicos que, por desafección material y por altruismo, pueden invertir ciertos valores adocenados que están sostenidos por el poder y el dinero.
3.- Pasar hambre en España habiendo tantos chorizos no solo es una contradicción dolorosa, sino una realidad insoportable.
4.- Con su actitud despótica y opresora, los que tienen el poder y el dinero se ríen cada vez más de las penurias económicas de los contribuyentes. Y lo que es peor aún, de las de aquellos que no pueden contribuir porque solo tienen para hacerlo la desesperación, la miseria y el hambre.
¿Y cómo sé yo que se ríen cada vez más? Por el obsceno incremento de su riqueza, que tiene dientes de oro.
5.- Si en el año 1980 me hubieran pedido una opinión sobre la política, yo hubiera dado esta respuesta: “La política es una actividad noble a la que se dedican las personas que tienen vocación de servicio”
En el año 2000 hubiera dado esta otra:
“La política es una actividad noble de la que se valen determinadas personas para ganarse la vida”
A día de hoy, respondo:
“La política es una joven inocente de la que se sirven los oportunistas para llegar hasta la puta que les satisface: la corrupción”
Nota: por si había alguna duda, queda claro que una cosa es la política y otra bien distinta los políticos: esos personajes que, siendo sus teóricos servidores, han abusado de ella hasta convertirla en su esclava. En nada nos consuela el hecho de que los políticos, a su vez, hayan sido sodomizados por los mercados financieros. Al contrario, para nosotros es una doble humillación y un doble martirio.
6.- Campañas electorales. El silencio sobre la corrupción es delator y está más que pactado. En ese jardín no les interesa meterse a los políticos porque, con raras excepciones, saldrían todos con los pelos de punta. En realidad tendrían que retirarse de la política todos aquellos que tuvieran una sola mancha de corrupción, por pequeña que fuera, lo que pasa es que en España la corrupción se tolera hasta límites insospechados. Y es ahí donde uno empieza a pensar que tal vez tengamos aquello que merecemos. Eso lo saben los políticos y lo utilizan sin recato ninguno.
7.- Paraísos fiscales. Este tema es sangrante y vergonzoso. Habría que poner fin a estas prácticas y castigar a todos los que las utilizan para librarse de sus obligaciones tributarias e impositivas y, por supuesto, a los políticos que consienten tan aberrante inmoralidad. No vale la excusa de que el asunto supera las fronteras nacionales y de que un país solo no puede hacer nada. Los ciudadanos del mundo deberíamos plantarnos de algún modo y obligarles a sacar el dinero de los escondrijos. No es de justicia que se escamotee tanta riqueza a las necesidades y al hambre.
8.- Para atajar el cáncer hay que cortar de cuajo. Se repite mucho el argumento de que los corruptos son solo unos pocos, pero eso no es del todo verdad. Los políticos saben –y callan-, lo que se cuece en sus partidos. Y si callan, otorgan. Son por lo menos consentidores. A mí me gustaría ver a alguien que dijera: “Dejo mi escaño porque no puedo tolerar las corruptelas que el partido le tapa a fulano, a mengano y a zutano” o “Me voy a mi casa porque no puedo tolerar que el partido se financie por medio de una trama de corrupción”. ¿No sería esto lo lógico?
Un abrazo
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
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servido por Mariano
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2 Marzo 2012
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Liborio
En los adustos pueblos de la España rural, cuando estaban habitados por personas y no por ausencias y abandonos, las partidas de cartas en los bares eran tomadas con mucha seriedad, a veces con excesiva seriedad. Es cierto que se permitían mirones alrededor de la mesa, pero éstos estaban convenientemente advertidos, ya que un simple comentario suyo podía hacer trizas el normal desarrollo de las jugadas: “Los de fuera se callan y dan tabaco ¿Oísteis?”, era la frase con la que esta cuestión quedaba resumida, además de zanjada. “¿Oísteis bien?” Y es que estaba en juego la consumición.
Yo he presenciado partidas impresionantes entre personas con muchas horas de silla –y también muy tacañas- donde se produjeron grandes alborotos y griteríos, en los que todo el mundo parecía estar a punto de llegar a las manos.
-No me jodas más, ¿eh?, que te estampo las cartas en las narices.
-¿Tú a mí? Mira a ver si no te las meto yo por el culo.
No pasaba nada.
No obstante, la partida que recuerdo por encima de todas podría entrar de lleno en la categoría de los esperpentos. Tomaba parte en ella un joven al que, en opinión de la gente del lugar, le faltaban unos cuantos hervores. Tanto es así que cobraba una pensión del Estado. Pero no jugaba mal a las cartas. Se llamaba Lorenzo. Los compañeros de la partida, que era de tute subastado, no son relevantes a los efectos de esta pequeña historia y podían haber sido otros o los mismos, como hubiera dicho Borges.
El caso es que uno de los mirones, cuyo nombre era Liborio y al que le eran aplicables idénticos diagnósticos sobre el estado mental que al jugador mencionado anteriormente, en lugar de callar y dar tabaco, como era la consigna, se le fue un poco la lengua y pudo oírse en el aire: “Sal por el as”, que podía indicar que entre las cartas de alguno de los jugadores había un viudo. A Lorenzo no le gustó nada el comentario y se produjo entre ambos este pequeño rifirrafe:
-Tú te callas, tonto –le advirtió visiblemente exaltado.
-Oye, ¿tú cuánto cobras? –le replicó serenamente Liborio
-Mil quinientas pesetas ¿Qué pasa?
-Nada, que entonces eres tan tonto como yo.
Pues bien, Liborio es también el protagonista de la historia que se cuenta en el poema que dejo más abajo. Es cierto que está un poco adornada por el autor, pero la esencia no se ha alterado ni un pelo.
LIBORIO
A Lisardo,
que siempre me ha inspirado ternura.
La tarde tiene colores
de laxitud y desgana;
pero el deber, que es muy duro,
doblega el lomo y... trabaja.
Quien tiene tierras, la tierra,
quien tiene ovejas, la lana;
con la razón de los cuerdos
nadie se atreve a la holganza.
Pero no todos son cuerdos,
algunos hay que son mandrias,
pamemos, tontos del bote...
Por ellos rompo esta lanza.
Jacinta, la del Codeso,
está arrancando una mata;
la voluntad le rebosa,
pero la fuerza no es tanta.
En esto llega Liborio
por el carril de las cabras,
y ¿qué es lo que hace? Se sienta
para ejercer de miranda.
- De dónde sales, Liborio?
- De por detrás de esas zarzas.
No hay más silencio en el mundo
que el que siguió a estas palabras.
Sólo la azada se oía
como un lamento del alma.
Liborio, desde su trono,
tranquilamente miraba;
casi una hora mirando
y con la boca cerrada.
- ¿Qué miras, Tonto del Bote?
- Lo que los ojos me alcanzan.
Y por lo visto hasta ahora,
llega la noche y no acabas.
- Acaba tú por mi cuenta.
- Haber traído las vacas.
Esta raíz es más honda
que el colagón de las nalgas.
Tú la has dejado crecer,
a ti te toca arrancarla.
A más, quien tiene un marido,
tiene también una espalda;
en ella tienes remedio
y no rogando a las ánimas.
Deja que pase la tarde,
respira un poco, descansa;
de noche mira la luna
y que él la arranque mañana.
No es bien que pidas favores
al primer tonto que pasa.
- No sé las cosas que dices
de dónde diablos las sacas;
los que te tienen por tonto
¡qué diametrales se andan!
- Por tonto tengo esta bula,
por listo no me la daban.
Lo que yo diga no vale
poco ni mucho ni nada.
Aquí me tienes, sentado,
mirando como trabajas;
a nadie, que sea listo,
se le consiente esta gracia.
¿Que tú me pides ayuda?
Yo te la niego y ... se acaba.
Puedes mandarme a la mierda
y yo a una mierda más larga.
Si no la hubieras dejado,
no había crecido esa mata;
hoy ya no puedes con ella,
pues, oye, ¡jódete y baila!
Entiendo que te relinche
el percherón de la rabia;
lo entiendo tanto que, mira,
casi me duele en el alma.
- Entonces ¿vas a ayudarme?
- Ya te lo he dicho: “nequaquam”.
- Diez duros tienen la culpa.
- Ni aunque los riegues con lágrimas.
Y dicho esto, me marcho,
que aquí no pinto ya nada...
Es privilegio del tonto,
cuando la linde se acaba,
seguir las huellas del tiempo
por los carriles del agua.
Del libro "Trozos de cazuela compartida"
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
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